18 abr. 2011

Y sí...

Y sí, me tuve que poner el chaleco salvavidas porque sabía lo que vendría. La lluvia torrencial de lágrimas se escabulló por mis lacrimales y se me metió por la nariz. Bañó mi cuerpo de manera tal que me hice propia del jabón de tocador y aproveché el ataque de llanto, dolor, espasmos mentales y estupidez estupefacta para asearme el tren inferior.
Luego, practiqué sumida en mi dolor, la meditación subacuática. Pero para esto último tuve que procurar un snorkle para no asfixiarme. De todas formas no pude detener la pequeña catarata de agua con sal y rimel que cayó por mi ventana.
Un sapo se quejó de que la mosca que deglutía estaba muy salada pero no tenía ganas de oírlo ni aconsejarlo. Fue entonces, luego de 5 horas de catarata, que salió el Sol a patadas (se ve que se quedó dormido y la Luna le dio un aventón para que no llegue tarde). Y de repente…todo se secó. Y una risa histérica, eléctrica, nerviosica, peripatética se apropió de mis pulmones, de mis células, de mis codos,y las falanges. Hizo temblequear mis rodillas y se me cayeron mechones de pelo que instantáneamente volvieron a crecer.
Un par de mis dientes aprovechó para volar…volar por los aires y devenir en palomas infinitesimales, diminutas. La alegría inexplicable, casi incoherente se me chorreaba por las orejas: era el momento de compartirla.
Fue entonces cuando recordé que había quedado en falta con aquel sapo al salarle de manera accidental aquella mosca. Sin poder detener el ataque de risa incontenible cazé 3 tábanos para mi ahora amigo Sapo y se los regalé, envueltos en una hoja de laurel. Mantuvimos una larga charla donde discutimos acerca de las diferencias entre sapos y ranas, hablamos de la luna, el sol, y la madre naturaleza. De tanto hablar me quedé sin saliva y me dormí en una reposera.
Cuando desperté, todavía era de noche, advertí que todo había sido un sueño. Pero al abrir los ojos grandes, grandísimos…descubrí que en mi falda, roncaba un Sapo igualito al del sueño!